martes, 18 de mayo de 2010

LO NUNCA VISTO EN UN ESTADIO DE FUTBOL

—¡Controla de primeras… baja el balón al piso…levanta la cabeza y abre con criterio a la banda, donde recibe el interior derecho, que inicia una carrera trepidante hacia…! ¿Qué sucede? El árbitro ha hecho sonar vigorosamente su silbato… ¿Fuera de juego? ¡Imposible! El desconcierto es total entre los jugadores… ¿Qué ha señalado? Con el partido interrumpido, el colegiado, alejándose de la jugada, encamina sus pasos hacia el centro del campo. Ajeno a las inquisiciones de los protagonistas, llega, con andar sosegado pero firme, hasta el punto de saque y, por entre la pernera de su pantalón corto, ¡comienza a orinar! La perplejidad es total entre los participantes y la multitud que, en torno a noventa mil personas, abarrota las gradas. El vocerío ha dado paso al silencio; y el silencio a un murmullo sostenido y continuado. ¿Y ahora? Los jugadores, venidos de todos los rincones del terreno, se congregan en torno al círculo central, intercalándose los unos con los otros, como ajenos al concepto de equipo. Bien emulando la técnica de la pernera, bien bajándose convenientemente los calzones del uniforme, mean en perfecta sintonía sobre la curva medular. Acto seguido, son los árbitros auxiliares (incluido el cuarto árbitro) quienes se posicionan sobre sus respectivas líneas de demarcación, y, cual el director de la contienda y los jugadores, mean y mean sobre la raya de cal. ¿Y fuera del rectángulo de juego? Los suplentes y todo el cuerpo técnico saltan de sus respectivos asientos, alineándose sobre las marcas discontinuas que delimitan las zonas de banquillos. Y sin intercambiar una palabra, proceden igualmente a una meada larga y coordinada. ¿Y en las gradas? Aunque parezca increíble, todos los espectadores parecen haberse sumado —sin excepción— a este inesperado acto de evacuación comunitaria, orinando sobre barandillas y asientos, orinando los unos sobre los otros con una sincronía apenas alcanzada en colectivos más adiestrados. Tenemos incluso noticias de que los telespectadores hacen lo propio desde sus casas.
Llega el minuto noventa, y cada cual, desde el lugar que ocupa, persevera en su acto de mear y mear ininterrumpidamente. Cayó la noche. La potente luz de las torretas ilumina el gran charco que sigue creciendo.

viernes, 14 de mayo de 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

martes, 11 de mayo de 2010

LAS HISTORIAS DE MACHO-MAN: LA PROFESORA PARTICULAR

A los quince años, en el momento en que mi madre se percató de mi incapacidad para discernir un texto en inglés del alfabeto cirílico, me pusieron una profesora particular que me instruyera en la legua de Chespir. Mª Luisa, que así se llamaba, tenía cierto aire de novicia neófita, encajada en unas faldas hasta los tobillos y unos jerseys de cuello alto que la hubieran hecho pasar desapercibida en cualquier zoco del oriente islámico. Ni alta, ni baja. Melena, ni muy larga ni muy corta, y una piel blanca, como de guiri que no ha abandonado la sombra del chiringuito en todas las vacaciones. Nariz ligeramente respingona, boca pequeña y una miopía apenas disimulable tras unas gafas de cristal reforzado que hacían de sus ojos dos planetas tenues y desorbitados. Su voz era aguda, y más se agudizaba al pronunciar las palabras de aquella lengua bárbara y perversa que se empeñaban en quererme inculcar.
—Do you play football with your friends? —rechinaba en mis oídos como un altavoz mal calibrado—.
—Yes, it is…
Pero no se enfadaba nunca. Cerraba los párpados por unos instantes, en señal de reprobación, y repetía con enfática paciencia:
—DO you…?
—Yes…is do —porque yo jugaba al fútbol, de eso no había duda; y si no todos eran amigos, al menos conocidos o compañeros de escuela—.

Fuera cual fuera la razón pedagógica que la impulsó a ello, Mª Luisa centró pronto sus esfuerzos en el área de la fonética y la pronunciación. Sentados frente a frente, me hacía observar sus labios y seguir el curso de su lengua, que se contorsionaba como un molusco dentro de la concha, para luego, a su vez, comprobar por mimetismo la eficacia de sus explicaciones.
—Fíjate en mi lengua, aquí junto a los dientes superiores —y la elevaba oportunamente, sugiriendo con su gesto una parodia de las insinuantes chicas de las revistas. Ambos prorrumpíamos entonces en una sinfonía gutural y primigenia que hubiera resultado ininteligible al más avezado antropólogo. A veces sostenía mi cabeza entre sus manos, ofreciéndome el espejo de su rostro, del que emanaba un empachoso perfume de flores al borde del marchitamiento. Anestesiado de muerte, pensaba entonces que en Mª Luisa había algo que escapaba al escrutinio superficial de la primera mirada, y adivinaba tras el parapeto de su celosa indumentaria unos pechos firmes y turgentes, y unos muslos ligeramente musculados, como de deportista aficionada al traqueteo de la bicicleta.

Así se sucedieron, entre interrogativas con auxiliar y sílabas impronunciables, todos los martes y jueves de los siguientes meses. Huelga decir que mis resultados académicos en esta materia no habían evolucionado un ápice, pero esto no menoscabó la férrea voluntad de mis padres por sajonizarme, vanamente convencidos de la recompensa a largo plazo de su obstinación.

Hasta aquel día.
Mª Luisa vestía una falda sobre las rodillas y una blusa que, sin ser de las que Madonna elegiría para su espectáculo, resultaba inusual en ella, máxime cuando los dos botones superiores de la misma —desabrochados— permitían vislumbrar el comienzo de un escote que ratificaba mis más innovadoras teorías con respecto a la prominencia de sus senos. Estaba ausente, nerviosa, como quien acaba de ser cómplice de un asesinato o ultima los detalles de su propio suicidio. Tras de aquellas lentes, que marcaban el comienzo de una dimensión paranormal o alienígena, me llegaban miradas tanto o más indescifrables como las palabras con que habitualmente me aturdía. Debía haber prescindido del dosificador a la hora de liberar las esencias de su perfume, cuyos efectos embriagaban mis sentidos, adormeciéndolos hasta la inacción. De repente se abalanzó sobre mi silla (que rechinó, del susto, por todas las junturas) para aferrarse a mis pantalones y dejármelos en un santiamén a la altura de los tobillos, al tiempo que adoptaba entre mis piernas la contrita postura del orante. Pese a mi estupefacción, al mero contacto con su cuerpo, puse de manifiesto una erección de magnitudes volcánicas, con el ardor de una marea interior de lava que amenazaba con desbordar los límites de su remanso. Inopinadamente, aquellos labios que sólo había conocido retorcidos en el esfuerzo de una jerga extranjera, abarcaban la anchura de mi miembro, engulléndolo una y otra vez con la voracidad de un lactante sobre la ubre materna. Más por instinto que por lo que pudiera tener aprendido de los viernes de Canal +, apoyé ambas manos sobre su nunca, acompañando el rítmico frenesí de sus movimientos, que hacían peligrar la integridad de sus cuerdas vocales. Lo cierto es que, desde fuera, a nadie hubiera parecido algo impropio de nuestras clases de fonética el carrusel de interjecciones, bramidos y articulaciones sublinguales proferidos a lo largo del trámite. En el momento cumbre, procedí a la interrupción de su mecánica tarea, haciendo desparramar la savia de la vida por toda la habitación: buena parte cayó sobre sus gafas, dejándola en la más absoluta de las penumbras; parte sobre la lista de verbos irregulares que presidía el escritorio; parte sobre la cortina; parte sobre el suelo.
Como recién despertada de un trance o exorcizada del espíritu que tan violentamente la poseyera los anteriores minutos, se incorporó atropelladamente y se apresuró a recoger sus libros, sus cintas y el resto de sus pertenencias (sin parecer importarla que mis pantalones siguieran indecorosamente por los suelos). Sus rodillas aún revestían un contorno rojizo que contrastaba con la blancura natural de su piel. En su rostro, aunque la viva estampa del rubor, creí ver relampaguear una expresión de regocijo, como la que apenas son capaces de contener, cuando marca su equipo, los miembros de una directiva en el palco del rival. Sin llegar a componerse la gabardina y a echarse el bolso más allá del antebrazo, había alcanzado ya el pomo de la puerta. Con la cabeza gacha y voz apenas audible, me pidió que dijera a mi madre que no podría volver a darme clase, y que la disculpara por no habérselo comunicado con mayor antelación. Buscando a través de sus gafas, aún algo embadurnadas, el ángulo adecuado por el que poder dirigirme una última y furtiva mirada, abandonó la habitación. Un silencio, sólo mancillado por el repiqueteo decreciente de sus tacones, precedió el golpe seco con el que se cerró la puerta de la calle. En el aire persistía un aroma de flores olvidadas en el jarrón. La última luz de la tarde, a través de los cristales, proyectaba una nube de partículas, gordas como garbanzos, aferradas a su figura ya desvanecida.

No puedo decir, como seguramente revindicaría la delicada sensibilidad de los psicólogos de ahora, que esta experiencia me supusiera uno de esos traumas que provocan alteraciones o inseguridades en los adolescentes. Más bien al contrario, puso nombre y apellidos a los instintos más elementales que ya empezaban a aflorar en mí mediante visionados de material explícitamente pornográfico y prolongadas sesiones de autocomplacencia.
Lo primero que hice al quedarme solo fue fumarme un cigarrillo de la pitillera de la sala de estar y servirme un whiskey de la botella del armario de la cocina que celosamente guardaba mi madre para el pollo al chilindrón. A cada calada, a cada sorbo, recreaba en mi mente el cadencioso afán de Mª Luisa sumida en el fervor de su dadivosa misión, y la carnosidad de sus labios ciñéndose sobre mi cuerpo como la camisa a medida de un buen sastre.
Al margen del lote que me diera el año anterior con la más cachonda del instituto y del breve morreo que, por sorpresa y contra su voluntad, la endosara a la chica más mona de la clase, esta experiencia precipitó sin duda el final de mi inocencia. Además, con las mil doscientas pesetas que la profesora se dejara sin cobrar tras la última clase, adquirí mi primer acopio de preservativos. Técnicamente yo seguía virgen. Pero eso cambió poco después —y por partida doble— con la historia de las vecinas del quinto.

viernes, 7 de mayo de 2010

miércoles, 5 de mayo de 2010

ALGUNAS RAZONES POR LAS QUE SON PREFERIBLES LOS PERROS A LOS GATOS

• Sólo el perro puede simular el aullido del lobo, sobre la nieve, bajo la luna, entre los abetos.

• Si aprendieran a escribir, ¡qué destrozo no harían con el papel los gatos!

• El maullido es la engolada voz de la soberbia. El ladrido, un eco lejano de la melancolía.

• La mirada del perro —perdida toda esperanza— es capaz de hacer al suicida soltar la navaja, alejarse de la cornisa, desanudar el nudo de la soga.

• Cuando llueve, los gatos sueñan con un cuenco de bolas de pienso; los perros, con que detrás de las tripas les florezca el alma.

• Los colmillos de los gatos penetran en la carne como los de las serpientes.

• Habrá un Juicio Final para los perros. Y habrá misericordia para aquellos que se dejaban tirar de las orejas por los niños.

• Para ocupar el vacío que deja un perro, no bastaran mil gatos, sobrara el corazón.

• Solo el perro —herido de muerte— puede querer pasar su última hora a los pies de su amo, frente a la chimenea, tratando de que su sangre no estropee la alfombra.

martes, 4 de mayo de 2010

DESPUES DE THE END: GREASE

Hace años mi hoy compañero de blog me dijo algo muy sabio: “En las películas suelen poner el “The end” justo en el mejor momento para los protagonistas y así lograr un final feliz, pero en la vida real no es así, no hay un “the end” y tras ese “final feliz” que podría haber sido, la vida sigue”. (bueno textualmente no me lo dijo así, pero más o menos).

Pues bien, ya que yo no puedo ponerle un “FIN” a la vida cuando más me interesa (o sí, pero como que paso), al menos sí le puedo dar continuidad a las películas ¿no?

Pues eso es lo que voy a intentar hacer, con más o menos éxito, imaginar qué les pasaría a los personajes de algunas de las películas más conocidas de la historia, si en vez de finalizar donde y cuando el director lo decidió, continuasen como continua la vida real.

Empecemos, por ejemplo, con GREASE:



Todos recordamos como al final Sandy y Danny se reconcilian y salen volando en un coche. Super enamorados.
Supuestamente, se van de vacaciones pues el curso ha finalizado. Sandy, cuero ajustado en ristre, ha conseguido amansar al chulito de su novio y le lleva con ella de vacaciones a su tierra natal, Australia. Por supuesto con toda la family.

En principio a Danny le parece una idea genial (pasar un mes en un país desconocido para él y la lado de su chica...), pero a medida que pasan los días la cosa se va complicando.
La meticona de la madre de Sandy queriendo que siempre coma algo más y dándole consejos sobre qué hacer, qué no hacer, dónde ir cada día y dónde es mejor ni acercarse,; el pesao de su padre queriéndole mostrar cada canguro y cada cactus del país; y los primitos, al principio tan rubios y tan majos ellos, todo el día dando el coñazo sin dejarles nunca a solas.

Sandy se ha vuelto a alisar el pelo, a poner faldas, color pastel, de niña buena y a decir “reconcholis”, "jolines" y "mecachis". Y además, como le veía tan mono a él con la chaquetilla de punto, le ha comprado unas cuantas camisas y americanas y le ha hecho dejar en Rydell su chupa de cuero.
Y, joder, todo eso es precisamente lo contrario de lo que acabó de convencerle para asentar la cabeza y ennoviarse...

Pero con mucho lo peor, la gota que ha terminado de llenar el vaso, es que ella le deje solo toda una tarde porque ha quedado a tomar el té con ¡su ex! “Es que hace mucho que no le veo. Además ahora es sólo un amigo y sólo vamos a contarnos qué tal nos va”
Qué sí, que Danny ya se sabe lo de “los amigos” y por ahí no pasa. Y mientras Sandy tetea con el pijo de su ex novio, Zuco no para de comerse la cabeza y de hervirle la sangre. Así, la olla a presión que es en ese momento su cabeza, estalla al regreso de su chica.
La bronca es de tal calibre que decide al día siguiente coger un avión de regreso a California.

Sandy totalmente deprimida no quiere regresar al final de las vacaciones y se va a estudiar a una Universidad de Sidney donde, cómo no, coincide de nuevo con su ex australiano con el que, pasados unos años, termina casándose.

Danny, con el mayor de los resquemores en sus adentros, busca a su regreso a Cha Cha DiGregorio, a la que acaba dejando preñada.

Y así, sin volverse a ver jamás, es como Danny Zuco y Sandra Olsson vivieron el restro de sus vidas, muchísimo más alejadas de lo que nos quisieron hacer creer.

domingo, 2 de mayo de 2010

UNA VIDA DE PROBLEMAS. 1ª parte. Versión masculina.

0- Como no te den de comer, de beber y te limpien...
1- Caída tras caída para simplemente mantenerte en pie.
2- Te meas encima y te riñen. No comes y te riñen. No te duermes y te riñen.
3- Te meas encima mientras duermes y te bronca al despertar.
4- Todo son normas a obedecer y noes a respetar.
5- ¡Qué difícil es aprender a andar en bici!.
6- A hacer los primeros deberes en el rato que antes veías dibujos o jugabas.
7- Hacer los primeros exámenes.
8- Sudar apoyado en la pared hasta que alguno de los dos que lo echaron a pares o nones te elige para su equipo.
9- Con las gafas rotas de la mano a casa por un balonazo (al menos te eligieron rápido. De portero).
10- Elegir qué deporte hacer porque "gracias" a las clases de inglés no puedes hacer todos los que te gustan.
11- El primer suspenso.
12- Salir un sábado por la tarde a dar un paseo con tus padres.
13- ¡Dichosos granos!
14- Encontrar el momento adecuado para pedirla pa salir (y nunca llega).
15- Sentir una lengua húmeda dentro de tu boca ¡qué asco!
16- La ves en la discoteca, en el reservado, morreándose con otro.
17- ¡Anda déjame irme al cotillón, que van a ir todos!
18- Aguantar sin correrte demasiado pronto.
19- Tus colegas se mosquean porque “desde que estás con esa pasas de nosotros”.
20- Decir que has aprobado asignaturas que realmente has suspendido y matricularte de nuevo en ellas sin que te pillen quienes realmente las pagan.
21- Que ella se mosquee porque siempre estás con los amigos.
22- Que te deje.
23 – Que quiera volver justo cuando más en racha estás. Aceptar.
24- Acabar la carrera.
25 -Acabar la carrera de una vez.
26- Encontrar trabajo o unas prácticas.
27- Encontrar trabajo o unas prácticas remuneradas.
28- Irte a vivir con ella con tu sueldo más sus prácticas remuneradas.
29- Pelearte con ella porque ella pensaba que ayudarías más en casa y tú pensabas que vivir juntos sería estar todo el día follando (porque ya, por fin, tienes sitio).
30- Estar en el paro y que te rechacen en trabajos por no tener experiencia suficiente.
31- Casarse (¿qué hacer sino?)
32- Que tu mujer no te pille en los flirteos con la compañera de tu nuevo trabajo.
33- Que a tu primer hijo no le falte de nada y no le pase nada.
34- Que tu hijo cuando se caiga al comenzar a andar no lo haga sobre durezas.
35- Que tu hijo no se haga pis encima.
36- Que a tus dos hijos no les falte de nada y no les pase nada. ¡Y que el mayor no se haga pis en la cama!
37- Escuchar “Ya no me haces caso y además ya no me ayudas nada en casa ni con los niños”
38- Mirarte al espejo y ver carne flácida y pelo en todo el cuerpo excepto en la cabeza.
39- Todo lo centro en ellos y ¿qué es de mí?
40- Divorciarse.
41- Estar de nuevo en el mercado sin saber qué hacer.
42- Tener novia con 43 y tener que conocer entornos nuevos (los suyos).
43- Que te propongan, a tu edad, pasar de nuevo noches en vela por llantos pueriles.
44- Nueva ruptura.
45- Soledad.

viernes, 30 de abril de 2010

DEJATE LLEVAR por 18-200



LAS HISTORIAS DE MACHO-MAN: PRELIMINAR


Los amigos de El Burdel de Apolo me proponen colaborar con ellos en su nuevo Blog. Yo les digo que no valgo para fabular, que no tengo imaginación para inventarme cosas, y ellos me contestan que puedo escribir lo que me dé la gana, que eso es, precisamente, lo que se espera de cualquiera que participe. Siendo así —continúo diciéndoles— lo único que podría contar que en algo resultara de interés (y quizás para muchos ni eso), serían cosas en torno a mis experiencias con ese ser enigmático y fascinante que es la mujer. Experiencias que, para bien o para mal, han marcado siempre el devenir de mi destino, erigiéndose en el eje fundamental sobre el que se ha volteado mi vida. No pretendo, ni mucho menos, rememorarlas todas (además, eso sería imposible) pero sí al menos algunas de las que dejaron una huella más profunda.
Como no podía ser de otra manera cuando se aborda la tarea de sojuzgar la memoria, muchos de los episodios de los que conservo un recuerdo más vívido corresponden a mis primeros tiempos como amante (o amado) y a ese periodo de iniciación del que uno sale siempre siendo lo que es. ¿Un Don Juan? Tal vez, pero sólo si pensamos que Don Juan no es nunca el seductor, sino el seducido; porque, de todas formas, la hembra es la que en última instancia elige siempre, aunque se prevenga mucho de hacer evidente su conquista y opte por ceder al macho los bártulos de la gloria. Lord Byron —que es, en mi opinión, y por encima del propio Casanova, el prototipo más representativo de Don Juan— confesaba que nunca en su vida había seducido a una mujer, y esto es algo con lo que, sin ser Byron (ni tampoco pretenderlo), me identifico plenamente. Y así trataré de evidenciarlo, manteniéndome fiel, mientras me sea posible, al criterio de la cronología.
Antes de que pueda juzgárseme como pretencioso por afrontar este intento de memorias íntimas sobre la base de la experiencia amatoria, conviene reflexionar sobre el hecho de que la vida —de por sí deslavazada— ha de aferrarse siempre a un hilo conductor, que en mi caso no es otro que el que comporta el sexo femenino. Sólo desde este centro de ebullición se suceden las ondas concéntricas de la anécdota vital que es la existencia.

Así pues, queridos amigos de El Burdel de Apolo, os agradezco la oportunidad que me brindáis de dejar escritas algunas páginas que inmortalicen ciertos momentos de mi biografía. Quizás nunca lo hubiera hecho motu proprio. Sin motivación de mayor grado que la de proyectar hacia el futuro la fecha de caducidad de mi propia memoria, aquí quedan para todos, por si a alguien resultaran de provecho, mis enseñanzas en el arte de amar. Eso sí, que nadie espere regularidad a la hora de acudir a mi cita con el blog. Los recuerdos son inquilinos mancomunados en la mente que a veces cuesta individualizar en torno de la pluma o de la tecla; y más en mi caso, donde en la sensual maraña que conforman mis evocaciones viven entremezclados las caricias de Laura con los besos de Eva, las miradas de Sandra con la voz de Lucía.
Por último, quiero manifestar que herir sensibilidades no figura entre mis propósitos. Si esto sucediera (ante la primera insinuación, el primer desnudo, la primera unión de los cuerpos…) pásese página y vayan mis disculpas por adelantado.

miércoles, 28 de abril de 2010

COPLILLA

El inventor del tiempo
ya había inventado el mundo,
ambos por aburrimiento.

¡Que Dios nos libre del mal
de un inmortal complacido
con su eternidad!

martes, 27 de abril de 2010

RETRATO: INFANCIA

A la tarde, junto al pozo
barroco y artificial.
Solo el agua de mi gozo
a la sombra del parral.

A la tarde, con mi infancia
desnuda por los olivos,
rezumando la fragancia
de los amores esquivos.

En un escenario urdido
sobre andamios de recuerdo
cada amanecer perdido
súbitamente me pierdo.

Acá mi abuela, regando
las flores de sus macetas,
cada paso recordando
tradicionales recetas.

Allá mi abuelo, en camisa,
con la azada sobre el barro,
esbozando una sonrisa
tras el humo del cigarro.

Un sol de justicia. Agosto.
La plenitud del verano
madura campos de mosto
con paciencia de artesano.

Noches de raso y estrellas
de blanca caligrafía
cuajan las horas más bellas
de toda mi biografía.

Un olivar encantado.
Un río de ardiente orilla
y caudal acompasado.
Una colina amarilla.

Un camino serpeante
entre las siembras, y luego
un sol bajo y jadeante
en cielo de puro fuego.

Un pueblo de cal y luna
y sombra en las celosías.
Requiebros de amor. Fortuna
de Tenorio: Fantasías.

Ya dos corazones reos
de las redes de Cupido
dan al aire sus deseos…
Nunca me di por vencido

en mi afán de eternizar
lo que siempre terminaba
en desahogo epistolar.
Cada noche me acostaba

soñando con la mocita
con que todavía sueño
(más que por su faz bonita
por un nostálgico empeño),

con los oídos turbados
por la voz del embeleso
y los labios requemados
por el fantasma del beso.

La alondra de la mañana,
frente a la luz del estreno,
canta junto a mi ventana.
Ya se platea el centeno.

Y luego de pronto Dios,
en el silencio de un mundo
solamente para dos,
asoma por un segundo.

La esperanza de la aurora,
si acaso una vez se pierde,
deja un temblor a deshora
y un presentimiento verde.

* * *

Aquí mi abuela, hilvanando
pensamientos a la umbría
de los sauces, afinando
las cuerdas de su alegría.

Mi abuelo al trasluz —allí—
titán del hacha y la leña,
el primer héroe de mi
mitología pequeña.

Acequia de curso ufano,
idolatrada frontera
de mi horizonte lejano,
¿vuelves esta primavera?

Molino desvencijado
por aires de una centuria,
¿de tu única aspa un soldado
harás, que luche con furia?

Datilera adolescente,
inesperado vergel
al discurrir de la fuente,
¿guardas mi secreto fiel?

Ya dos voluntades presas
del capricho de Afrodita
juran eternas promesas
que luego el tiempo marchita.

Desatendiendo a razones
—impropias siempre de Amor—
se da con las ilusiones
en el pozo del dolor.

El recuerdo es disciplina
que requiere escepticismo
para fundar su rutina.
A mí ya me da lo mismo

que el transcurso de los años
me pueda echar a perder:
brilla entre mis desengaños
mi paraíso de ayer.

lunes, 26 de abril de 2010

ABSURDAS ENSEÑANZAS

A menudo pienso cómo era nuestra educación escolar siendo niños. Éramos, supongo que como lo es o ha sido cualquier generación, no lo sé, unos chavalillos asustadizos expuestos ante profesores con un poder mal interpretado bajo el cual no podíamos aspirar a más, sin darnos cuenta entonces, que a ejercitar nuestra memoria repitiendo sin cesar cualquier listado que ellos nos ordenaran aprender.

A día de hoy cabe preguntarse si aquellos nuestros maestros, con más o menos acierto y contra lo que pienso yo es una educación adecuada, tenían o no la certeza de que aquel método -instaurado desde la creación de las escuelas- basado en recitar, entre viejos pupitres de madera orientados todos ellos hacia la negra pizarra, hasta la saciedad tantas y tantas listas de países, capitales, tablas de multiplicar, obras de autores, montañas, cabos,... era verdaderamente útil para nuestro aprendizaje, el real, el vital, el de ser capaces de afrontar nuestro futuro, por dónde quiera que el destino nos llevara y según cada caso individual, claro está.

Y si hubiera habido alguno de ellos, sin poner en duda que pudiera haberlo, de aquellos que nos educaron, que hubiera tenido ideas diferentes a las de aquellos tiempos y que hubiera creído que la mejor manera de instruirnos fuera alentar nuestra creatividad o enseñarnos a tomar decisiones y afrontarlas de la mejor manera posible, debería haberse atrevido, so pena de fracasar en su intento, a darnos esas armas vitales imponiendo sus creencias sobre cualquier otra rígida imposición superior que le ordenara a hacernos repetir interminablemente, hasta sabernos de carrerilla, retahilas como aquella estupida enseñanza de a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre y tras.

viernes, 23 de abril de 2010

VEN CONMIGO


Estás preciosa esta noche, tanto que no puedo resistirme a ti. Ven conmigo, agarra fuerte mi mano y acompáñame. Esta cala es el lugar perfecto para unirnos en la máxima de las intimidades y sellar nuestro enlace. Es la noche perfecta, la luna nos ilumina, la brisa nos alienta, el agua está casi en calma y nadie nos mira. Aún así es normal que estés nerviosa, es normal tu pulso acelerado y es normal tu rápida respiración, pero confía en mí, mírame a los ojos y no temas nada, en unos pocos minutos sentirás algo que jamás antes has soñado.
En unos pocos minutos el alrededor carecerá de importancia, el pasado será tan sólo una palabra sin sentido y el que dirán los demás no llegará a tus oídos.
Si estás ya preparada agarra fuerte mi mano y adentrémonos en el mar, una vez allí, estando juntos, lo suficientemente adentro, te desnudaré por completo y mía serás para siempre.
Avancemos, caminemos en silencio, profundicemos en las aguas saladas, no hagamos apenas ruido, que las olas y el viento interpreten nuestra banda sonora y que nosotros tan sólo dancemos a su ritmo.


- ¡Luís, mira esa chica! ¡Se está ahogando!
- ¡Eh tú, sal!
- ¡Intenta sacarla del agua! ¡Tirate a por ella! ¡Intenta sálvarla por favor!


No les escuches más, relájate e ignórales por completo, no esperes a que él llegue a tiempo pues no lo hará, mi beso se ha hecho ya eterno y el filo de mi guadaña está ya radiante con el brillo de tu sangre.

miércoles, 21 de abril de 2010

PASEN, VEAN, TOQUEN... PARTICIPEN


No es fácil hacer un blog. Y mucho menos mantenerlo vivo. Quizás porque esto último me importa apenas —nada que perder— me haya subido a lomos del proyecto. Pero también porque la intención está muy definida: habilitar el baúl virtual en el que ir echando cualquier producto de nuestra creatividad. Sin ánimo de apropiación indebida, lo de “nuestra” me incluye a mí, por supuesto; y a mi compañero de remo en esta galera sobre la mar procelosa de la inspiración; pero también a vosotros —amigos de antes o de mañana— que sin duda sabéis, queréis o podéis invocar a las Musas porque ya un día supisteis, quisisteis o pudisteis hacerlo. Aquí bajo las ramas de este árbol —que no me pertenece— hay sombra para todos.

Sin otro compromiso —blog insignificante— que el de paliar tu hambre con el pan de la imprevisión; sin otra pretensión que la de dejar que seas mientras tengas que ser. ¡Salud!, te digo ahora que naces, pero ya también ¡Que descanses en paz!, para cuando el punzón de la desidia amenace tu hora.

J.M.


Exhibicionistas y vouyers, bienvenidos. Pepitos Grillo y Campanillas, alejaros. Mentes traviesas y culos inquietos, adentraros. Capitanes de barcos ajenos, buscad otros Océanos.
Los que os consideréis dignos de degustar nuestros servicios y alentar algunos nuevos, desvestiros de sentimientos, olvidad vidas reales y liberad vuestros miedos y egos.
Y así, todos juntos, montemos una orgía de cerebros.
Sin normas ni restricciones. Sin límites horarios ni formatos previos. Sin premisas, ni castigos, ni premios.
Simplemente experimentemos. Juguemos a ser Dioses de nuestro propio mundo interno.

Rapajic