No es fácil hacer un blog. Y mucho menos mantenerlo vivo. Quizás porque esto último me importa apenas —nada que perder— me haya subido a lomos del proyecto. Pero también porque la intención está muy definida: habilitar el baúl virtual en el que ir echando cualquier producto de nuestra creatividad. Sin ánimo de apropiación indebida, lo de “nuestra” me incluye a mí, por supuesto; y a mi compañero de remo en esta galera sobre la mar procelosa de la inspiración; pero también a vosotros —amigos de antes o de mañana— que sin duda sabéis, queréis o podéis invocar a las Musas porque ya un día supisteis, quisisteis o pudisteis hacerlo. Aquí bajo las ramas de este árbol —que no me pertenece— hay sombra para todos.
Sin otro compromiso —blog insignificante— que el de paliar tu hambre con el pan de la imprevisión; sin otra pretensión que la de dejar que seas mientras tengas que ser. ¡Salud!, te digo ahora que naces, pero ya también ¡Que descanses en paz!, para cuando el punzón de la desidia amenace tu hora.
J.M.
Exhibicionistas y vouyers, bienvenidos. Pepitos Grillo y Campanillas, alejaros. Mentes traviesas y culos inquietos, adentraros. Capitanes de barcos ajenos, buscad otros Océanos.
Los que os consideréis dignos de degustar nuestros servicios y alentar algunos nuevos, desvestiros de sentimientos, olvidad vidas reales y liberad vuestros miedos y egos.
Y así, todos juntos, montemos una orgía de cerebros.
Sin normas ni restricciones. Sin límites horarios ni formatos previos. Sin premisas, ni castigos, ni premios.
Simplemente experimentemos. Juguemos a ser Dioses de nuestro propio mundo interno.
Rapajic